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Mujeres del mundo: ¡Sed compasivas!

    Como viene siendo habitual, cada vez que en un afán, quién sabe si de impresionar al misterioso sector femenino ávido de sensaciones fuertes o de sacar un tema de conversación original para esos momentos en los que un hombre se la juega, voy yo, ilusionado y henchido de amor propio, y suelto aquello de: "pues yo juego al rugby, sabes...?" dada mi complexión poco recia y más bien estilizada, suelen darse varias situaciones muy características que me han llevado a hacerlas objeto de sesudos análisis:

* La reacción más común es la que he querido denominar como: " Pues nadie lo diría".

    Este comportamiento suele caracterizarse por una gran carcajada inicial, que normalmente deviene en mueca de lástima, e incluso de compasión, cuando la susodicha sorprendida, comprueba con gran apuro el progresivo tono colorado y el carácter afrontado que va adquiriendo el rostro del humillado rugbysta. Éste deseando con fervor no haber abierto la boca y maldiciendo lo escuálido de su delgada figura, intenta como puede desaparecer del local o en su defecto consigue llegar hasta un rincón donde termina consumiéndose en un mar de lágrimas que sólo cesa en el momento en el que cae redondo por efecto del exceso de alcohol ingerido tras el duro golpe a su autoestima.

* Otro comportamiento muy usual es el conocido como: " ¿pero ese juego no es de animales?".

    La acción se inicia con una mirada entre incrédula e indiferente, que mermando cada segundo que pasa nuestras espectativas de entablar un diálogo cordial con alguien del sexo opuesto, nos inquiere demandando urgéntemente una aclaración que disipe sus dudas sobre la nobleza de, este nuestro deporte. Frente a esta situación existe alguna posibilidad de salir airoso del trance. Se puede recurrir a la famosa frase "sí, un deporte de animales pero jugado por caballeros", es entonces, en el periplo en el que ella intenta descubrir el sentido de nuestra frase lapidaria, cuando debemos abalanzarnos sobre la pensativa dama y fundirnos con ella en un apasionado beso de tornillo. Si al instante no notamos el impacto de una rodilla liberadora sobre nuestros genitales, habremos triunfado; pero cuidado, deberemos de cambiar enseguida el tema de la conversación y evitar que vuelva a reflexionar sobre la frase, o de lo contrario se daría cuenta de que su sentido es algo más que discutible. Pero sin duda la peor de las situaciones se da cuando en un alarde de sinceridad la interfecta nos comenta sin ningún tipo de reparos : " ¿Ah sí?, pues me parece un juego estúpido violento y tercermundista, y además tengo un novio que hace halterofilia".
    Ante este tipo de respuestas la única solución que nos queda es retirarnos con las orejas gachas y el rabo entre las piernas, sollozando y deseando retornar a los protectores y cálidos brazos de nuestra infalible mamá.
    Del resultado de mi estudio se desprenden un sinfín de teorías y conclusiones que me permiten tener clara una cosa:

    A todos vosotros, jugadores de rugby que por vuestras características o vuestra complexión física no se os identifique con el prototipo de deportista de élite o con el de armario ropero con sofá-cama a juego, no alardeeis de practicar uno de los deportes más completos, complejos, dinámicos y divertidos. La gente que no lo quiera entender no lo entenderá (allá ellos) así que, en la medida en que podáis, usad vuestra simpatía y el rugby dejadlo para el campo. Seguro que todos saldremos ganando.


                                                  Tonyetti Esteve (Uno que sufre estas situaciones)

 

Referencia: Ciencias Rugby Club - Universidad de Valencia

 

 

 

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